
Por Alquimista del Viento
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Para desarrollar tu vocación por medio de la escritura, tejiendo fantasias en el universo de la realidad.


Hube de nacer un día
En un instante cualquiera.
He de morir, también, cualquier día
En un momento cualquiera,
Porque no soy eterno.
Nací porque sí,
No fui ni siquiera una idea,
Como tampoco un pensamiento.
Soy algo impensado, quizás un desacierto.
Obedezco a un nombre,
Que alguien me puso como a cualquier perrito.
También soy un número,
El de la cédula y todos los carnés,
El del teléfono y el de la entrada a la casa mía.
Figuro encabezando un número,
En el registro estadístico,
Como un dato puramente periodístico.
Entre el nacer y el morir,
En medio de la luz y la oscuridad,
Me debato en comenzar sin camino,
Debo aprender a vivir y nadie me puede enseñar,
No me fío de ninguno,
Porque todos están perdidos,
Dan vueltas y revueltas alrededor de sí mismos,
Y el norte geográfico no es el norte mío,
Y como nadie nació aprendido,
Debo confiar en mi razonamiento.
Yo seré el maestro,
Yo seré el camino,
Yo seré el puerto de la llegada mía.
No puedo pensarme antes de conocerme,
Acudo, entonces, a mi imaginación,
Para inventarme como un sueño,
Mientras soy prisionero de las formas mías
Como una crisálida,
Que habilita sus alas,
Para iniciar el vuelo en busca de sí misma,
En forma de mariposa.
JAVIER ISAZA SANTOS
Biblioteca EL TUNAL
Bogotá D.C. Agosto 2010

Sentir que voy aproximándome a mi ser,
Sentirme penetrado por el mundo de las cosas
Comunicándome en su esencia,
Sentir la mirada de unos ojos
Inundándome de luz,
Sentir el aroma de las flores
Perfumando mi aliento,
Sentir mi piel arropada
Por otra piel a mi medida,
Sentir el contacto de unas manos
Encender el fuego eterno del afecto,
Sentir la brisa abanicada por una mariposa
Acariciando mis mejillas atezadas por el sol,
Sentir al colibrí extasiado
Como una parálisis del viento,
Sentir la alborada como un ave de luz,
Y los arreboles del ocaso
Desteñidos de rojo como una despedida,
Sentir mi pie descalzo en la humedad de mi dolor
Plantando la huella de mi trashumancia,
Sentir el estremecimiento de un botón de rosa
Abriendo su color al mundo,
Sentirme blando para tomar todas las formas,
Sentirme débil como un helecho de monte
Movido por el viento,
Sentir que yo soy tu,
Sentir que eres las sombra abarcadora de los dos,
Sentir el paso de los años
Como el retiro de la ola suave y armoniosa,
En una playa plateada que espera su regreso
Con una musicalidad indefinible
Y un aroma de mar inagotable
Caldo de cultivo imprescindible
De la vida del hijo de los dioses.
JAVIER ISAZA SANTOS
Biblioteca El Tunal
Bogotá D.C. Agosto 2010
Como un niño empuja su juguete hasta el borde de la mesaRoberto Juarroz
y lo dejan caer sin porqué, quizas para jugar con su lugar vació.